Nuevo normal

Photo by Rémi Walle

La cuarentena nos ha metido a todos en nuestras casas y de alguna manera nos ha forzado a hacer un “examen de conciencia”. En algunos países ya se empiezan a levantar algunas medidas de restricción y se habla de un “Nuevo Normal”. La pandemia nos ha cambiado, pero también ha cambiado nuestro entorno, nuestra visión del mismo. Ya no te sientes tan libre de expresar tu afecto con besos y abrazos. Ya miras dónde pones tus manos. Al llegar a tu casa, te quitas los zapatos, limpias tus manos y hasta te quitas la ropa si vienes de algún lugar con mas gente de la que desearas haber estado. La cercanía de otros te hacer sentir indefenso, expuesto, amenazado.

Las pérdidas son como grandes pandemias, te meten en “cuarentena” forzosa dentro tuyo. Hoy hace exactamente un año que Marcelo se quitó la vida. Aún me cuesta creerlo, aún me duele, aún lloro por él, por mí por mis hijos, por nosotros (y allí puedes incluirte). Las preguntas siguen sin tener respuestas certeras. Sigo retrocediendo en el tiempo y recordando los detalles. Aún no puedo apartar mi mente de esos días. La tristeza sigue siendo mi compañera de viaje, me he acostumbrado a ella.

Cuando empezó mayo, el reloj empezó a hacerse oír: TIC TAC, TIC TAC, TIC TAC… el de la memoria, el de la historia vivida con él… empecé a buscar algunos escritos míos, sus cartas, sus fotos… y me interné en un viaje hacia el pasado. Lloré tirada en el piso entre sus recuerdos. ¿Soy masoquista? No lo creo. Creo que salí a hacerle frente al dolor y a dejar de huir de él. No fue un mes fácil, asi como no fue un año fácil. Pero acepté que este sería un mes particularmente difícil. Y empecé a mostrarme vulnerable a los demás cuando me preguntaban cómo estaba, respondiéndoles que estaba triste por la fecha. El duelo no es una enfermedad, es un proceso.

Soy como dice la Biblia una vasija de barro, imperfecta y frágil, que al menor golpe se quiebra… una palabra descuidada me lastima… un recuerdo me entristece… pero a la vez, el poder de Dios se manifiesta extrañamente en mí. Descubro que en la medida que mis heridas “empiezan” a cicatrizar, otros son sanados. Y entonces recuerdo que por sus llagas (las de Cristo) soy sanada… ¿será que eso opera en los demás a través de las mías también? ¿Será que hay un poder oculto que no alcanzo a entender? El dolor es un “delivery a domicilio, pero el sufrimiento es una elección” escuché en una reflexión de Pilar Sordo (psicóloga chilena). He elegido aceptar el dolor. Yo no lo pedí, ni lo busqué, pero llegó a mi vida, asi como a ti te llegó. ¿Qué vas a hacer con él? Acepta esa encomienda inesperada pero decide aferrarte a la vida. Decide levantarte. Decide secar tus lágrimas. Decide vivir. Decide aferrarte a Dios. El poder de Dios hace que aunque una “tribu” de problemas te acosen, no te angustien al punto de la desesperación. Que aunque estés derribado en el piso, no estés destruido. Dios se hace fuerte en tu debilidad. Lo experimento cada día.

Mayo será para mí el mes en que él decidió irse, pero también el mes en que comenzó una nueva etapa. Como acostumbro a decir, la tristeza de lo que pasó me acompañará, pero Dios aún está conmigo. Y la vida continúa… Ese es mi nuevo normal, mi nueva realidad.

Y si en algo te ayuda, sigue mi itinerario de viaje: deja de pelear con lo que te pasó. Deja de culparte. Deja de enojarte. Perdona y perdónate. Deja de buscar responsables. Deja de buscar respuestas que no tienes. Deja que Dios te abrace fuerte y te levante del piso. Deja que Él empiece a sanarte.

Dios aún tiene propósito para tu vida…

«Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.
2 Corintios 4:7-10

3 Comments

  1. Susana el mayo 27, 2020 a las 3:04 pm

    Decir que son «hermosas» tus reflexiones es casi una contradicción pero lo son. Te quiero Lili!!!

    • lilyfattore el mayo 27, 2020 a las 11:16 pm

      Gracias Susy, mi idea es invitarlos a pensar que muchas veces no podemos evitar el dolor, pero aun Dios allí está. Darles esperanza (y darme esperanza) que siempre habrá una salida… y sino la hay… Dios nos ayudará a levantarnos

  2. Daniela Remon el agosto 3, 2020 a las 2:10 pm

    Lo siento mucho Lili, no sabia que en Mayo ya se cumplio 1 año de la muerte de Marcelo. Asi es, una mismo rechaza en un principio la pérdida de un ser querido y nos toma tiempo para empezar a acostumbrarnos a vivir sin ellos. Tus palabras me dan mucho valor y ánimo para seguir viviendo sin mis hijos. El Señor se revela más en nuestra debilidad, como tu mismo lo dijiste o como dice en la Biblia:

    «Me alegro de ser débil, de tener necesidades y dificultades por ser fiel a Cristo. Pues lo que me hace fuerte, es reconocer que soy débil». 2 Corintios 12:10 TLAI

    Un abrazo muy grande a la distancia mi querida Lili!

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